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Publicado el: 02/10/2025

Trastornos de la articulación temporomandibular (ATM): síntomas, causas y tratamiento

Los trastornos de la articulación temporomandibular son una causa frecuente de dolor facial y mandibular. Suelen afectar a cómo abres y cierras la boca, y pueden acompañarse de chasquidos, molestias al masticar o dolor de cabeza.

En la mayoría de los casos, estas molestias mejoran con medidas conservadoras y cambios de hábitos. A continuación, entenderás qué es la articulación, por qué puede doler y qué señales deberías vigilar.

Qué es la articulación temporomandibular y cómo funciona

La articulación temporomandibular es la unión que conecta tu mandíbula con el cráneo y actúa como una bisagra con capacidad de deslizamiento.

Tienes una a cada lado, y ambas trabajan de forma coordinada para permitirte hablar, masticar y bostezar. Las superficies óseas están recubiertas de cartílago y separadas por un pequeño disco amortiguador que facilita un movimiento suave, distribuye cargas y reduce la fricción.

Anatomía básica y papel del disco articular

El disco articular se sitúa entre la parte convexa y la cóncava de la articulación y funciona como cojín. Cuando se mantiene centrado y el cartílago está sano, la articulación opera sin ruidos ni dolor. Si el disco se desplaza o se erosiona, puede generar chasquidos, sensación de fricción o cierta limitación al abrir la boca.

Por qué puede doler la articulación temporomandibular

El dolor suele ser multifactorial. Entre las causas habituales se encuentran el bruxismo (apretar o rechinar los dientes), hábitos como masticar chicle o comerse las uñas y periodos de estrés que tensan los músculos mandibulares. También pueden influir la osteoartritis, las lesiones en la mandíbula y los esguinces o torceduras de tejidos blandos. Aunque puede resultar molesto, en la mayoría de los casos responde bien a tratamientos conservadores como cambios de hábitos, fisioterapia mandibular y uso de férulas o protectores bucales.

Qué es la articulación temporomandibular

Síntomas más frecuentes que debes vigilar

Antes de profundizar, recuerda que no todas las personas presentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad. Algunos se manifiestan de forma intermitente y otros son persistentes. Identificarlos te ayudará a buscar ayuda a tiempo y a elegir medidas que alivien el dolor.

Dolor mandibular, de oído y facial

  • Sensibilidad o dolor en la mandíbula, a un lado o en ambos.
  • Dolor en la zona justo delante del oído que puede sentirse como punzadas o presión.
  • Molestias al masticar, hablar o bostezar.
  • Dolor facial difuso que puede confundirse con sinusitis u otras causas.
  • Dolores de cabeza tensionales, a menudo al final del día.
  • Dolor de cuello u hombros por compensación muscular.
  • Dolor dental que aparece junto con sensibilidad en la mandíbula, sin que exista un problema dental específico.

Chasquidos, fricción y bloqueo de la mandíbula

  • Chasquidos al abrir o cerrar la boca, o sensación de fricción en la articulación.
  • Movimiento irregular de la mandíbula, como si “saltara” en cierto punto.
  • Bloqueo intermitente que dificulta abrir o cerrar por completo.
  • Apertura limitada de la boca, con sensación de tope. Nota importante: si hay chasquidos sin dolor ni limitación de movimiento, normalmente no requiere tratamiento.

Señales de alarma: cuándo consultar al médico

  • Dolor súbito o persistente en la mandíbula, especialmente si empeora al moverla.
  • Incapacidad para abrir o cerrar la boca completamente.
  • Empeoramiento progresivo de la apertura bucal o del dolor a pesar de medidas en casa.
  • Antecedente de golpe en la mandíbula y aparición de dolor, asimetría o bloqueo.
  • Síntomas acompañados de fiebre, inflamación marcada o dificultad para tragar. Si presentas estas señales, consulta con tu dentista, un especialista en ATM u otro profesional de salud para una evaluación y plan de tratamiento.
Trastornos de la articulación temporomandibular (ATM)

Causas y factores de riesgo del dolor en la articulación temporomandibular

Comprender qué hay detrás del dolor te ayudará a tomar medidas eficaces. La causa exacta no siempre es única y suele existir una combinación de hábitos, tensión muscular y cambios en la articulación. Aún así, aquí tienes algunas causas más comunes.

Bruxismo y hábitos orales

  • Bruxismo: apretar o rechinar los dientes, especialmente por la noche, sobrecarga los músculos y la articulación.
  • Hábitos repetitivos: masticar chicle de forma prolongada, morder bolígrafos o morderse las uñas incrementa la tensión.
  • Posturas mandibulares mantenidas: apoyar la barbilla en la mano o mantener la boca entreabierta largos periodos altera la mecánica.
  • Malos encajes dentales: ciertas maloclusiones pueden favorecer microtraumas y fatiga muscular.

Estrés, ansiedad y trastornos asociados

  • Estrés y ansiedad: aumentan el tono muscular basal y favorecen el bruxismo.
  • Trastornos del sueño: despertares frecuentes, apnea del sueño o sueño no reparador empeoran los episodios de apretamiento.
  • Comorbilidades: fibromialgia, migraña, depresión o TEPT pueden sensibilizar el sistema nervioso y amplificar el dolor.
  • Estilo de vida: consumo de cafeína, nicotina y alcohol puede potenciar el bruxismo o la tensión muscular.

Artritis, lesiones y enfermedades del tejido conectivo

  • Artritis: osteoartritis y artritis reumatoide pueden dañar el cartílago y el hueso de la articulación temporomandibular.
  • Lesiones y esguinces: golpes, latigazo cervical o una apertura bucal forzada (por ejemplo, en tratamientos dentales largos) irritan los tejidos.
  • Desplazamiento del disco: cuando el disco articular se mueve de su posición, aparecen chasquidos, fricción o bloqueo.
  • Enfermedades del tejido conectivo: condiciones que afectan ligamentos y cápsula articular aumentan la laxitud o la rigidez.
  • Tabaquismo: se asocia con peor reparación tisular y mayor dolor crónico.

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Diagnóstico y pruebas que pueden solicitarte

Cuando consultas por dolor en la mandíbula, el primer paso suele ser una conversación detallada: cuándo empezó, qué lo empeora, si aprietas los dientes por la noche o si has pasado por periodos de estrés.

Después, el profesional explora cómo se mueve tu mandíbula. Te pedirá que abras y cierres la boca, observará si hay desviaciones, escuchará chasquidos y palpará los músculos para identificar puntos dolorosos. Muchas veces, con esta evaluación clínica es suficiente para orientar el diagnóstico.

En algunos casos conviene apoyar la valoración con imágenes. Las radiografías ayudan a ver la forma general de la articulación, la tomografía computarizada (TC) ofrece más detalle del hueso cuando se sospechan cambios estructurales y la resonancia magnética es la prueba de referencia para evaluar el disco articular y los tejidos blandos.

No siempre necesitas todas estas pruebas. Se solicitan cuando los síntomas son persistentes, hay bloqueo, antecedentes de traumatismo o se considera un tratamiento más específico.

Tratamientos conservadores que sí funcionan

La mayoría de las personas mejora con medidas sencillas y consistentes. No necesitas hacerlo todo a la vez: elige dos o tres cambios, pruébalos durante unas semanas y observa cómo responde tu mandíbula.

Cambios de hábitos y autocuidado diario

Piensa en "descansar" la mandíbula. Evita masticar chicle, morder uñas o bolígrafos y las comidas muy duras. Puedes probar con ejercicios para relajar la mandíbula.

Procura mantener los dientes separados cuando estés en reposo, con la lengua suave en el paladar y los labios cerrados. Esta postura reduce la tensión sin que te des cuenta. El calor local (una toalla tibia 10–15 minutos) relaja los músculos.

El frío puede servir tras un episodio de sobrecarga y dormir de lado con una almohada que sostenga bien el cuello también ayuda.

Manejo del estrés y del bruxismo

El estrés es gasolina para el bruxismo. Dedica unos minutos al día a técnicas de respiración, mindfulness o estiramientos suaves del cuello y la cara.

Identificar momentos en los que aprietas, como frente al ordenador, conduciendo, concentrado, y "soltar" conscientemente la mandíbula marca la diferencia.

Si aprietas por la noche, una férula hecha por tu dentista puede protegerte los dientes y distribuye fuerzas. Esto no cura el bruxismo, pero reduce el daño y el dolor.

Fisioterapia para la articulación temporomandibular (ATM)

Fisioterapia y ejercicios guiados

Un fisioterapeuta con experiencia en ATM puede enseñarte movimientos suaves para mejorar la apertura, coordinar los músculos y disminuir la sensibilidad.

Se suele combinar terapia manual, educación postural y ejercicios breves que puedes hacer en casa en pocos minutos al día.

La constancia es más importante que la intensidad.

Medicación de apoyo, cuando hace falta

En periodos de dolor agudo, antiinflamatorios o analgésicos pautados por un profesional pueden ayudarte a retomar la rutina.

A veces se indican relajantes musculares por tiempo limitado. Los tratamientos se ajustan a tu historia clínica, de modo que evita automedicarte.

Hábitos que favorecen la recuperación

Mantén una dieta algo más blanda durante los brotes (trozos pequeños, cocción suave), hidrátate bien y limita la cafeína, el alcohol y el tabaco, ya que pueden aumentar la tensión o empeorar el sueño.

Si trabajas muchas horas sentado/a, revisa la ergonomía. Ya sabes, pantalla a la altura de los ojos, hombros relajados y pausas breves para moverte.

Cuándo considerar tratamientos avanzados y qué esperar

Si, a pesar de varias semanas aplicando medidas con constancia, sigues con dolor que limita tu día a día, o notas bloqueos frecuentes, es razonable valorar opciones más específicas con tu dentista, fisioterapeuta o especialista en articulación temporomandibular en tu zona.

  • Férulas personalizadas: cuando hay desgaste dentario, chasquidos dolorosos o bruxismo nocturno persistente, una férula bien ajustada puede ser clave. No todas las férulas son iguales. Lo ideal es que te la diseñen y controlen periódicamente para ajustarla a tu evolución.
  • Infiltraciones: en algunos casos seleccionados se utilizan infiltraciones con anestésico y/o corticoide para calmar un brote inflamatorio, o punciones secas/botox en puntos gatillo musculares. Suelen plantearse cuando el dolor muscular es muy rebelde a pesar de la fisioterapia y el autocuidado.
  • Artrocentesis o artroscopia: procedimientos mínimamente invasivos que "lavar" la articulación o liberar adherencias cuando hay bloqueos mecánicos o desplazamiento del disco con limitación importante. La decisión se toma tras una evaluación clínica y de imagen, valorando riesgos y beneficios.
  • Cirugía abierta: es poco frecuente y se reserva para casos con daño estructural severo o malformaciones. Antes de llegar a este punto, suelen haberse explorado varias alternativas.

Aun cuando se recurre a tratamientos avanzados, la base sigue siendo el cuidado diario. Volvemos al principio: hábitos, fisioterapia y manejo del estrés. Son el terreno donde cualquier intervención rinde mejor.

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